SALVAR EMBASSY ES SALVAR LO MEJOR DE MADRID

 

@ignaciopeyro / @emilialandaluce

Hemos visto cerrar Jockey, aún recordamos nuestra última cena en Príncipe de Viana, y añoramos cada día con tristeza la coctelería de Balmoral. En estos años, Madrid ha perdido algunos de esos lugares señeros sin los que una ciudad no merece por completo el nombre de ciudad. Ahora, tras anunciarse el cierre de Embassy, los firmantes de este manifiesto queremos decir que Madrid no puede permitirse el adiós a un local que, lejos de ser un mero salón de té, ha llegado a ser inseparable de la historia íntima de la ciudad y a convertirse en un patrimonio del espíritu para todos los madrileños. Memoria de un gusto, un cosmopolitismo y un hedonismo muy propios de la capital de España, salvar Embassy es salvar lo mejor de Madrid.

En los cafés se han escrito algunas de las páginas mayores de la literatura europea y se han gestado algunos de sus más hermosos momentos de libertad. El caso de Embassy es particularmente elocuente: bastión anglófilo en la “noche y niebla” de los años treinta y cuarenta, la complicidad activa de este salón de té fue determinante para salvar a miles de judíos llegados a la frontera española tras huir de un continente aherrojado por el nazismo. Desde entonces, Embassy ha encarnado un ideal de tolerancia y de apertura.

Célebre en otro tiempo por su vida de cafés, el cierre de Embassy haría de Madrid un lugar más vulgar y más prosaico, más impersonal y más áspero, una ciudad capaz de prescindir de su memoria sentimental y de espacios para la socialización y la conversación civilizadas. Salvar Embassy es hoy –nada más y nada menos- una gran causa para la responsabilidad cívica.

“Madame se meurt”, escribe Bossuet en la agonía de Enriqueta Ana de Inglaterra. Ojalá nuestros esfuerzos eviten para Embassy el triste sino del “madame est morte”, mientras celebramos su larga vida con otro cóctel de champagne.

¡Súmate a este manifiesto de Ignacio Peyró y Emilia Landaluce!  

 

No hay comentarios

Agregar comentario